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Ataduras que abortan tu destino ¡Nuevo!

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“Más los filisteos le echaron mano, y le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza; y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel”. Jueces 16:21

Una persona puede experimentar ataduras en una, varias o todas las áreas de su vida. Existen diferentes géneros y tipos de ataduras. Ataduras viejas y nuevas, propias y generacionales, voluntarias e involuntarias, visibles e invisibles. Una atadura existe dentro de uno de estos seis grupos: ataduras físicas, emocionales, espirituales, culturales, sociales y económicas.      Cuando una persona está cautiva por una atadura, experimenta lo que Sansón experimentó en Gaza: girar en círculos en un molinete, dando vueltas en el mismo sitio sin poder avanzar, derrochando esfuerzo y energía para el beneficio de otro. Siempre habrá alguien que se beneficia de una atadura: el infierno y las personas que operan bajo las tinieblas. La persona que ha tenido una atadura por mucho tiempo, muchas veces no es conciente de esa atadura, hasta que es expuesta por la luz y el poder de Dios. A Sansón le arrancaron los ojos; esto proféticamente nos dice que donde no hay visión no hay avance, pero además predomina una atadura. Las ataduras traen ceguera espiritual, falta de visión, de entendimiento y de esperanza.

Si has estado experimentando todo esto ¡necesitas un urgente rompimiento que acabe con todas esas ataduras! Este artículo no ha llegado a tus manos por casualidad, sino porque ¡Dios hoy quiere comenzar un proceso de liberación para que experimentes su Presencia en el ahora y entres a su propósito!

1. ¿QUÉ ES UNA ATADURA?

Una atadura o una ligadura, es un elemento espiritual que impide el movimiento y el avance, aislando y destruyendo la libertad de una persona o una nación. Todo aquello que amarra a un punto fijo es una atadura. Las Escrituras utilizan diferentes figuras proféticas para ilustrar cómo opera una atadura: yugos, cuerdas, pesadas cargas, molinetes, grilletes y cadenas. Todos tienen algo en común: oprimen y atormentan.

Toda atadura o ligadura, con el paso del tiempo termina desarrollando un hábito y una conducta, que luego generan más hábitos y más conductas destructivas. Una atadura es también un ámbito espiritual de destrucción en donde se aceleran el deterioro físico, espiritual y moral de la persona. El alimento de las ataduras son el pecado contra Dios y la ausencia de Él. Es decir, cuando alguien no lidia a tiempo con una atadura, esta irá echando raíces hasta establecer otra atadura, y luego otra atadura en otra área, hasta que la persona queda en completa cautividad. En cambio cuando existe una comunión intima con Dios y una obediencia a su visión, propósito y diseño, día a día Dios va limpiando, sanando, liberando y rompiendo las ataduras cuando estas recién quieren arraigarse.

Las grandes ataduras comienzan con pequeñas puertas abiertas, y van creciendo y arraigándose al punto de convertirse en fortalezas y luego en maldiciones. Toma tiempo y rebelión que una atadura inicial se transforme en una maldición generacional.

Por ejemplo, las ataduras físicas tienen que ver con la manifestación demoníaca en el ámbito del cuerpo y la influencia que ejercen sobre el, aunque la raíz esté en el alma. Algunos ejemplos de ataduras en el ámbito físico se manifiestan en forma de vicios y son: uso de drogas, dependencia innecesaria de fármacos, alcoholismo, hábitos y conductas sexuales desordenadas y desenfrenadas, falta de higiene u obsesión por la misma, desordenes alimenticios que se manifiestan en la obesidad, la bulimia o la anorexia. Sansón había desarrollado una seria conducta viciosa y un estilo de vida desordenado en su sexualidad, en su llamado y en su identidad. Eso provocó que una atadura llevara a una fortaleza, y finalmente a la destrucción. Normalmente una atadura física tiene un equivalente en una atadura emocional y espiritual. Es decir, lo físico es reflejado en lo emocional.

Cuando Dalila intentó conocer el secreto de la fuerza de Sansón, Sansón le dio falsas respuestas, y a pesar de que Dalila intentaba poner en práctica la forma de quitarle la fuerza y la unción, Sansón seguía jugando con su secreto ¿porqué? Porque ya estaba en un nivel de atadura habitual que le impedía ver el peligro inminente. La persona que está bajo ataduras, en la medida que las ataduras se vuelven fortalezas y maldiciones, menos ve, menos oye y menos percibe lo evidente. Mucho antes de que le arrancaran los ojos, ya Sansón había perdido su visión. El castigo tuvo mucho que ver con su transgresión: su caída fue por lo que vio y lo sedujo, pero su final glorioso, tuvo que ver con lo que no vio pero logró destruir.

No obstante, Sansón le dio a Dalila tres falsas respuestas, que sin embargo contienen códigos proféticos que nos muestran más acerca de como operan las ataduras y en qué niveles y nos dejan importantes enseñanzas.

“Si me ataren fuertemente con siete mimbres verdes que aún no estén enjutos, entonces me debilitaré y seré como cualquiera de los hombres” Jueces 16:7

2. TIPOS DE ATADURAS.

Ataduras con mimbres verdes: Lo primero tuvo que ver con ser atado por siete mimbres verdes, y con un hechizo de sus propias palabras: no dijo que perdería su fuerza, sino “si me ataren me debilitaré y seré como cualquier de los hombres”. En esta instancia había perdido ¼ de su fuerza. Sus propias palabras comenzaron a tejer el comienzo de su final.
La palabra hebrea original para este tipo de ataduras es “kelub”, y se refiere a los mimbres utilizados para tenzar arcos y lanzar flechas.

También se refiere a los mimbres que se utilizaban para fabricar jaulas. Esto es muy interesante por dos razones: al enredarse con sus propias palabras Sansón estaba entregando su unción para la guerra y su discernimiento profético. Recordemos que la palabra “pecado”, no tiene que ver en su signifciado original tanto con maldad, sino mas bien con “errar al blanco”. Entonces, al declarar esto con sus propias palabras, el se estaba atando al error, y a la pérdida de su libertad. Entendamos esto: nadie pierde la unción de un día para otro, y nadie cae de la noche a la mañana. Toda caída, es una serie de errores y malas decisiones, que termina en un caos, pero se origina con algo pequeño. Los grandes desastres siempre comienzan con pequeñas mentiras y pequeñas “cesiones” que a la larga se terminan pagando muy caro.

Toda persona que experimenta una pérdida real de su libertad espiritual y emocional, se encuentra en este nivel. Muchas veces los mimbres son relaciones y personas que Dios no aprueba, personas que nos atan y maldicen con sus palabras, o malas decisiones que tomamos por ignorancia o falta de experiencia y madurez.

Ataduras con cuerdas sin usar:             Lo segundo tuvo que ver con ser atado fuertemente con cuerdas nuevas que no se hayan usado antes. Esto nos habla de ataduras al nivel del alma y las emociones. La palabra hebrea utilizada en este caso es “kjbel”, que significa “atadura que produce dolor”. Muchas personas no dimensionan el daño que su pasado le infringe a su presente y a su destino profético, y toda atadura que causa dolor, tiene que ver con esto. Cuando no resolvemos los asuntos de nuestro interior por medio de la liberación y la sanidad, esto se convierte en algo peor, y origina que el dolor y la culpa se propaguen a otras áreas de nuestro ser, incluso nuestro cuerpo. Cuando un recuerdo, al traerlo al ahora, trae dolor y sigue causando angustia e impotencia, se está manifestando este nivel de ataduras.

Proféticamente, las cuerdas también nos habla de territorios y dominios. Al ser atado con cuerdas, él estaba cediendo su territorio asignado. Nuevamente se ató con sus propias palabras al decir: “si me ataren, me debilitaré y seré como cualquiera de los hombres”. En esta instancia ya había perdido la mitad de su fuerza. Una persona que ha experimentado pérdida de su familia, ministerio, capital, de sus bienes, de su área de influencia y de aquello que en un momento tuvo y ya no tiene, está en este nivel de ataduras.

Ataduras con trenzas de su cabeza a una estaca:      Lo tercero tuvo que ver con tejer siete guedejas (trenzas) de su cabeza con tela y asegurarlo a la estaca. Notemos que el primer tipo de ataduras, los mimbres verdes, alcanzó al cuerpo; el segundo tipo de ataduras alcanzó al alma y las emociones; y este tercer tipo de ataduras de su cabello a una estaca clavada en tierra, alcanzó la cabeza, es decir el espíritu, el hombre interior y la unción que este portaba.

Cuando hablamos de las trenzas, es una figura profética de los pensamientos y las decisiones, y en el caso de Sansón, estaba relacionado directamente con su identidad. Es decir, el estaba diciendo proféticamente, ato mi unción y mi llamado a una estaca clavada en la tierra. Cada vez que el infierno logra controlar la mente trayendo depresión, angustia, verdades contaminadas y pensamientos tóxicos cargados de autocompasión y reproches, es porque hay una estaca clavada a la tierra, que está transmitiendo la maldición de ella.

El hecho de que esta atadura tuviera que ver con su cabeza, nos habla de la abdicación de su autoridad y su medida de unción. Lo que él creía que era un engaño a Dalila, era en realidad un engaño hacia él mismo. Jamás satanás puede operar en una vida, un territorio o una nación si alguien no le otrogó el derecho legal de hacerlo. En el caso de la tierra, quien se lo dio fue Adán, pero en el caso de cada individuo, a lo largo de nuestra vida vamos cediendo derechos legales. Cada estaca clavada en la tierra, tiene que ver con la legalidad con la que el infierno está operando. Sansón no se dió cuenta, de que antes de revelar el gran secreto y de la posterior gran caída, primero había sido atado por sus propias acciones, por sus propias mentiras y por sus propios enemigos.

Los límites fueron puestos por Dios para protegernos, pero en este caso, todos los límites que lo protegían, habían sido violados sistemáticamente, a tal punto que ya cuando al final Sansón revela el secreto de su fuerza, su unción había sido drenada por causa de las ataduras a las que el mismo se había amarrado. La estaca fue el paso previo a la caída. En el momento en que Dalila ató sus cabellos a una estaca, usurpó la autoridad y la unción del cielo, clavándolo y amarrandolo en la tierra llena de maldiciones. Tomó lo que Sansón tenía del más allá, y lo clavó con una estaca a las limitaciones del más acá. ¿Cuantas personas existen hoy con poderosos llamados, y con dones sobresalientes, pero con su propósito clavado a una estaca por causa de una mala decisión o una mala relación?

3. ATADURAS SECUENCIALES.

En el primer episodio, cuando Sansón mencionó los mimbres verdes, alertó que debían ser siete. Cuando nuevamente en el segundo episodio de las cuerdas y en el tercero de las trenzas, también fue específico en que debían ser siete. Cuando el profeta Eliseo le dijo a Naamán que se sumergiera en el río, también le dijo que fueran siete.

¿Porqué siete? Porque siete es un número que, además de su conocido significado de perfección, también nos habla de ciclos espirituales y secuencias tanto como para atar las maldiciones del diablo, como para desatar las bendiciones del cielo. La semana tiene siete días y nos habla del ciclo del tiempo, la creación fue hecha en siete días y nos habla de secuencias espirituales, Dios ordenó a Israel dar siete vueltas alrededor de Jericó y nos habla sobre la destrucción de fortalezas, mientras Jesús ordenó perdonar a nuestros enemigos setenta veces siete y nos habla acerca de los ciclos infinitos del perdón y la misericordia de Dios.

El hecho de que Sansón estuviera atado a un molino que giraba en círculos, nos habla claramente de que las ataduras espirituales operan en forma secuencial y cíclica. Es decir, hay un patrón común y distintivo en la forma de accionar del infierno, y en la medida que lo identificamos, lo exponemos y nos liberamos, pierde su fuerza, su efecto y su poder.

Esta es la secuencia de una atadura:

 Primer nivel: Argumento: Toda atadura comienza con un argumento. Un argumento es un pensamiento contrario a la Palabra de Dios, a su santidad y a su voluntad. Los argumentos nacen de la carne y la razón. El primero en argumentar contra Dios fue Lucifer, por lo tanto, una de las primeras semillas que se sembró de pecado tiene que ver con argumentos. La caída de Adán y Eva fue articulada con una serie de varios argumentos bien fundamentados, pero falsos, fundamentados en la razón y en el saber, y querer saber. Lo primero que hizo para llevar a Eva a un plano de argumentos, fue aislarla, seducirla y tentarla con aquello que no tenía y no podía comer. Los argumentos trabajan en el marco de la razón, la soledad y la seducción. Esos argumentos del infierno suenan muchas veces coherentes y hasta justos, pero solamente suenan así. La única paternidad del diablo en la Biblia, es la mentira: y los argumentos contra Dios son el nivel mas alto de engaño y son el nudo inicial de una gran atadura. Antes de comenzar a sembrar un argumento, el infierno hace lo posible por aislar a la persona, y en medio de la soledad, comenzar a operar. Por eso, Jesús envió a sus discípulos de “dos en dos”.

Por ejemplo, alguien que no fuma, pero toma en su mano su primer cigarrillo, va a oír una voz suave que le dice: ¿porqué no hacerlo? ¡Te mereces descargar toda tu ira y frustración con este cigarrillo! La adicción nunca entra con su rostro más oscuro, sino con la dulzura de los argumentos porque los argumentos son la antesala a las ataduras. Los argumentos siempre operan en la base del “yo” y del ego. Cuando una Palabra viene de Dios para romper un argumento, lo primero que mata es el “yo”.

Segundo nivel: atadura inicial y eventual. Luego que el argumento es sembrado, todo argumento lleva a la acción, entonces esto tiene que ver con el pecado inicial y primario. El perdón y la liberación son las armas más poderosas para desterrar y cauterizar el efecto de esta atadura. La atadura inicial es como una semilla que necesita una tierra preparada en donde crecer y multiplicarse. Cuando una persona maldice, planifica una venganza, insiste en recordar episodios traumáticos de su vida, o permite que su mente se convierta en un río de suciedades y basura, la atadura encuentra el terreno ideal en donde establecerse. Si una atadura encuentra un corazón arrepentido, quebrantado, humillado y dispuesto a la Presencia de Dios, no puede prosperar.

Tercer nivel: Atadura habitual. La atadura habitual es el nivel en donde se reproduce una actitud a tal punto que termina formando un hábito y con el hábito, una conducta. Esto abarca palabras, pensamientos, intenciones y hechos concretos. La fuerza de la atadura habitual está en la no confesión del pecado. Cuanta menos luz entre, más oscuridad habrá en el secreto.

Muchas veces guardamos y escondemos lo que hemos hecho o sido, por miedo a la religión o al qué dirán, pero es justamente ahí donde la atadura se transforma en hábito, donde tiene el beneficio de la oscuridad. Dios es luz y en Él no hay oscuridad. Cuando una persona llega a este nivel, ya ha comenzado a dar la primera vuelta del molino de la esclavitud. La atadura habitual termina generando una dependencia peligrosa en donde la persona pelea por ser libre y romper esa fuerza que la mantiene atada, pero ya no puede. En el caso del alcohólico o del que tiene un vicio, esto se da cuando ya no puede controlar ni controlarse en el consumo del alcohol, en el caso del mentiroso, tiene que ver con que en todo lo que dice o hace, agrega u oculta algo, o tergiversa las cosas de lo que realmente son y todo lo hace casi sin ser consciente. Todo aquello que escapa de tu control y tu dominio propio, es una atadura de carácter habitual que ha generado una conducta que necesita ser liberada.

Cuarto nivel: Atadura de raíz expansiva. Este es el nivel de atadura en donde la persona comienza a ser contaminada entre un área a otra de su ser por una raíz. De la misma manera en que una célula cancerígena se expande por el cuerpo y genera una metástasis, este nivel de atadura es multiactivo y peligroso.

Por ejemplo, la falta de perdón por heridas o una traición, terminan generando un problema de osteoporosis o artritis degenerativa, o el dolor de una pérdida dolorosa termina convirtiéndose en una adicción a las drogas. Muchas ataduras espirituales y mentales tienen un triste descenlace en el cuerpo y una gran cantidad de enfermedades tienen origen en ataduras que se fueron expandiendo.

Todo comenzó con algo simple y puntual, pero que con el paso del tiempo fue ganando lugar y territorio hasta convertirse en algo que no deja de crecer, intoxicar y matar. Así como un cáncer va destruyendo a las células buenas, y va empoderando las células malas, una atadura de raíz expansiva hace el mismo proceso.

Quinto nivel: Ataduras con fortalezas.

Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.

La atadura con fortaleza es cuando alguien ha edificado y establecido su vida en torno a esa atadura, de manera que al venir el poder de Dios para sanar o liberar, la fortaleza que ha edificado alrededor de esa atadura, impide el fluír del Espíritu Santo. Donde hay una fortaleza, nadie entra y nadie sale. Por ejemplo, una persona que sufrió el abuso, y queda marcada de por vida por ese episodio, asume un papel de víctima, de debilidad o de rechazo hacia el género de la persona que le abusó, y de esa manera queda edificada una fortaleza alrededor de esa atadura. Donde existe una fortaleza, gobierna un hombre fuerte. En este nivel, la persona está bajo posesión de un demonio dominante, que mantiene una estructura activa de pecado y tinieblas. Si la atadura tiene que ver con enfermedad, el espíritu enviado es de sufrimiento, auto compasión, dolor o enfermedad. Si la atadura tiene que ver con problemas espirituales, es enviado un espíritu de iniquidad, hechicería y manipulación que controla y domina la mente de la persona. Muchas fortalezas están constituidas con mentiras e intrigas para proteger el pecado oculto, es decir, edificar una fortaleza para salvar las apariencias. Otras fortalezas están constituidas por el aislamiento y la soledad absoluta. Cuando Jesús habló de atar al hombre fuerte y tomar su palacio, se refería a este nivel de liberación. En esta instancia, es importante saber que primero hay que derribar esa fortaleza con ayuno y oración, para luego liberar el alma de esa atadura dominante.

Identidad basada en la atadura. En este nivel, luego de que la persona haya edificado fortalezas para proteger a la atadura, la persona asume una identidad absolutamente igual a la atadura que no le deja vivir. La identidad de Gedeón estaba basada en una atadura: el creía que era un cobarde, él creía que era un inútil, pero Dios veía por encima de las ataduras de Gedeón a tal punto que le dice: “varón esforzado y valiente”. En este nivel de atadura, la persona deja de estar en esclavitud para convertirse en un esclavo, de tener una enfermedad, a ser un enfermo. Que hayas cometido un error, no significa que eres un error. Que hayas fracasado, no significa que seas un fracaso. El enemigo gana sus grandes batallas, cuando logra ganar y suplantar la identidad original de la persona por una identidad falsa.

Maldiciones generacionales

El último nivel de atadura, tiene que ver con la herencia de los padres a los hijos. Llega un momento en que la atadura forma parte de la identidad, y esta se transmite por sangre a las generaciones posteriores. Esto explica porqué hay familias enteras y naciones enteras atadas y amarradas a un patrón común. Las ataduras del primer Herodes, se convirtieron en maldiciones generacionales hasta la tercera y cuarta generación. Todos persiguieron a los enviados de Dios, todos siempre estuvieron a un paso de entregarse y hacer lo correcto, y todos murieron de la forma mas terrible. La peor herencia que le puedes dejar a tus hijos, es saber que han existido maldiciones y ataduras por generaciones, pero no hacer nada para cortarlas y detener su avance.

Hoy, en el Nombre de Jesús, recibe libertad de toda atadura, de toda influencia pasada o presente, y declara con tu boca esta oración de liberación repitiendo en voz alta:

– Padre Celestial, vengo ante ti en el Nombre de Jesús

– Para darte gracias porque en la Cruz del Calvario

– Tu sangre se derramó por mi sanidad pero también por mi liberación

– Ahora renuncio a toda influencia, obsesión, posesión y opresión demoníaca

– Que haya venido a operar en mi vida por decisiones mías o de mis ancestros

– Cierro las puertas de mi vida a toda influencia de demonios y hecho fuera de mi vida todo mal

– Mencionar y renunciar a las ataduras que han sido de influencia en la familia: ____________________________

– Se corta ahora toda raíz de amargura, falta de perdón, odio y venganza

– Mi mente se hace una con la mente de Cristo. Cristo y yo somos uno, en el ¡poder del uno!

– Soy libre de toda palabra, pensamiento, intención o actitud que trajo ataduras en mi pasado

– Confieso con mi boca que: “Si el hijo me liberta, seré verdaderamente libre”.

– Ahora mismo ¡Soy libre en el Nombre de Jesús! (Repetir siete veces) ¡Amén y Amén!

Dr. Gonzalo Dominguez

Discernimiento en tiempos de crisis ¡Nuevo!

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“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernirespiritualmente.” (1 Corintios 2:14)

Los sentidos naturales y los sentidos espirituales

El hombre natural tiene cinco sentidos, que son el tacto, la vista, la audición, el gusto y el olfato. Es bajo esta ley de los sentidos que operamos y tomamos decisiones en el mundo natural y Dios nos creó de esta manera. De la misma manera, el espíritu tiene sus sentidos y opera bajo sus leyes, y estos sentidos son la comunión, la conciencia y la intuición (1). En el prinicipio, el hombre tenía una armonía perfecta entre sus sentidos espirituales y sus sentidos naturales. Ambos trabajaban en convergencia, se complementaban y eso hacía de Adán un “super hombre” con “super sentidos”. Lamentablemente, después de la caída, el alma del hombre cobró protagonismo y alteró el orden original de Dios, que es espíritu, alma y cuerpo (1 Tes. 5:23), para comenzar a vivir nuestra vida como seres bajo la maldición del pecado y con el orden de Dios en completo desorden: cuerpo, alma y espíritu.

El desarrollo de los sentidos espirituales

El discernimiento o la intuición, se pueden definir como “el sentir del espíritu” y muchas veces se presentan sin causa ni razón aparente. (2) El discerimiento tiene un origen eterno, es un sentido sobrenatural y opera por medio del espíritu del hombre. No está limitado a lo que vemos y oímos, sino que se alimenta de lo que Dios ve, lo que Dios oye y lo que Dios dice. Intuir o discernir es mirar con nuestros ojos espirituales la realidad de la tierra, desde la óptica del cielo y de Dios.

“Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas”. (1 Juan 2:20)

No es lo mismo saber, que conocer. El “saber” corresponde al ámbito de la razón, mientras que el “conocer” corresponder al ámbito del espíritu y de la intimidad con algo o alguien. El conocer en el contexto de Dios, tiene que ver con involucrarse con una verdad, a tal punto de ser “uno” con esa verdad (3). La intuición o discernimiento nos permite tomar decisiones y rumbos, aún sin tener el panorama del todo claro desde el punto de vista humano y racional. Casi siempre nuestra intuición opera en contra de toda lógica y toda razón.

El discernimiento es la tecnología de la fe. La intuición opera en el espíritu del nuevo hombre, de la misma manera que los instrumentos de aeronavegación en un avión lo hacen dentro de la cabina del piloto. Y aunque el piloto de ese avión tenga poco o nada de visibilidad por niebla o tormenta, sí tiene conocimiento e información de donde está, a qué altitud y a qué velocidad gracias a sus instrumentos de navegación, y más allá de lo que pueda ver o no, podrá aterrizar a salvo su avión y a las vidas que transporta. El discernimiento es el sentido que Dios puede usar para decir no, para dar una orientación o para prevenir un peligro, una situación o una mala decisión.

El Apóstol Rubén Arroyo, en su libro “El conocimiento revelado” define las funciones del hombre interior de esta manera: “El hombre interior es el receptor el reino de los cielos para un creyente. Y por eso pertenece a esa dimensión profética. El espíritu del hombre es su “ser interior”. Y posee sentidos equivalentes a los del hombre exterior para percibir, discernir, detectar, identificar, interpretar, conectarse y relacionarse con el mundo espiritual.” (3)

“Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en Él.”(1 Juan 2:27)

Abraham era un hombre que a pesar de todos sus errores, caminó, ejercitó y tomó la mayoría de las grandes decisiones de su vida sobre las bases de la fe y el dicernimiento. Abraham y Lot son excelentes ejemplos acerca de la diferencia que existe entre caminar según la intuición y caminar según el instinto, mientras uno caminaba detrás de una visión, otro caminaba detrás de una ambición. “Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.”  (Hebreos 11:27)

Abraham conocía por medio de la intuición y el discernimiento, el propósito y el cumplimiento de las promesas de Dios. En cambio Lot, tomó decisiones por lo que veía y oía con los sentidos naturales, sepultando completamente el sentido de la intuición y el discernimiento.

Viendo más allá de lo que se ve

Muchos hombres y mujeres de la Biblia, cometieron sus más grandes errores guiados por lo que veían en la circunstancia de lo natural, en lugar de ser guiados por lo que no se veía, en lo sobrenatural.

Eva fue seducida por la serpiente, pero pecó porque se dejó llevar por lo que veía:

“Y VIO (5) la mujer que el árbol era bueno para comer.” (Génesis 3:6)

Lot, por causa de lo que veía decidió llevar a su familia a Sodoma y Gomorra y trajo maldición y muerte a su casa:

“Y alzó Lot sus ojos, y VIO (6) toda la llanura del Jordán”. (Génesis 13:10)

Raquel, la esposa de Jacob, permitió que la amargura y la envidia llenaran su corazón por causa de lo que veía:

VIENDO (7) Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana”. (Génesis 30:1)

Los hermanos de José decidieron deshacerse de él, cuando fueron guiados por su instinto en lo que veían:

“Y VIENDO (8) sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían y no podían hablarle pacíficamente.” Génesis 37:4

Luego de que Josué y todo Israel perdieran vergonzosamente la primera batalla por la toma de Hai, Dios reveló el pecado oculto de Acán y esta fue su respuesta:

“Y Acán respondió a Josué (…) VI (9) entre los despojos un manto babilónico muy bueno (…) lo cual codicié y tomé.” (Josué 7:20 y 21)

“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, LOS DESEOS DE LOS OJOS (10) y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre sino del mundo.”            (1 Juan 2:16)

Mientras que el instinto casi siempre opera dentro del ámbito de la necesidad y la urgencia del momento, la intuición y el discernimiento lo hacen dentro del ámbito del propósito. Cuando Sarai le expuso su plan de que la sierva Agar le diera un hijo a Abraham, no lo estaba haciendo bajo el discernimiento de los tiempos y del propósito, sino bajo el instinto y por la urgencia de la necesidad del momento. Muchas veces nosotros también actuamos así, guiados por las circunstancias, vamos en contra del propósito y la voluntad de Dios.

Si en medio de una crisis, las circunstancias logran convencerte de que eso que ves y oyes es tu verdadera realidad, posiblemente termines actuando por instinto, y no por discernimiento y asumiendo un hecho pasajero y cambiante, como una verdad absoluta e irrevocable.

Oportunidades ocultas

El secreto que esconden las crisis, es que detrás de cada una de ellas, hay una oportunidad que solo puede ser descubierta por medio de la intuición y el discernimiento de las cosas. Frente a la crisis contra Goliat, David vio la oportunidad que nadie veía. Frente a la crisis de fe de los diez espías que fueron a la tierra prometida para traer un reporte, diez se movieron por instinto, y dos por intuición y discernimiento de los tiempos y las circunstancias. Diez tomaron decisiones desde lo que veían sus ojos, y desde la verdad contaminada de sus corazones, mientras que dos tenían desarrollado al máximo el sentido de la intuición para ver en esos gigantes una oportunidad de avanzar y conquistar.

Las grandes oportunidades se esconden detrás de grandes momentos de crisis y son esas oportunidades bien aprovechadas, las que tienen el potencial de cambiar el destino y la vida completa de una persona. La presión que ejerce una crisis, hará que actúes por intuición y discernimiento, o por intuición, y dependiendo de cuál de los dos sentidos utilices, verás los resultados. Jesús capitalizó momentos claves de crisis para traer grandes revelaciones del Reino de Dios y su poder.

La revelación del propósito de Dios

Fue gracias a una gran crisis que Pedro dejó de ser un pescador del mar, para ser un pescador de hombres. Jamás se hubiera encontrado con su propósito si las barcas y las redes seguían llenas.

Muchos aspectos del propósito de Dios para tu vida, te serán difíciles de encontrar mientras tus barcas estén llenas, mientras tus graneros estén rebosados y mientras pienses que todo está en orden. Cuando volvieron a echar las redes al mar, las barcas se llenaron por completo y por poco se hundían. Si les hubiera ido relativamente bien en las primeras horas de la noche y de la pesca, jamás se hubieran encontrado con el Dios de la multiplicación.

Muchas veces necesitamos “no tener” para “poder tener” un encuentro con el Dios que sí “tiene”, porque mientras tengamos, nuestro instinto nos impide recibir la revelación correcta de que Él es el Dios de la provisión.

Fue gracias a una crisis que Jesús se pudo revelar como la resurrección y la vida, varios días después de que Lázaro muriera. Fue una crisis de vida, de valores y de principios, lo que provocó que la mujer samaritana tuviera junto al pozo un encuentro con Jesús. Su vida había sido un fracaso, su pasado era malo, su presente era malo, pero dentro de ella había una necesidad de adorar y de hacer lo correcto. La crisis la llevó a encontrar la respuesta final a todas sus preguntas.

Fue en medio de una crisis mientras huía de Esaú, que Jacob se encontró con Dios en Bethel. En medio de la oscuridad de su noche, llegó a un lugar de luz. Mientras su cabeza se apoyaba sobre duras piedras, sus ojos se abrían al sentido de la intuición y el discernimiento para ver y oír una dimensión hasta entonces desconocida para él. Jamás hubiera habido un Bethel ni un Peniel sin un Esaú persiguiéndolo. No hubiera habido un Abel sin un Caín, ni un José sin sus hermanos, ni un David sin un Saúl, ni una Esther sin un Amán.

Un gran hombre de Dios al que aprecio y admiro de todo corazón, escribió esto: “Los peores enemigos de nuestro camino, son los mejores enemigos de nuestro destino” (Apóstol Rubén Arroyo)

Dr. Gonzalo Dominguez Pacaluk