La Ley De La Primera y La Segunda Voz

“Así que la fe es por el oir, y el oir, por la Palabra de Dios” Romanos 10:17

Desde la creación del hombre, hasta nuestros días, la batalla de la humanidad ha sido entre oír y obedecer a la primera voz o escuchar y obedecer a la segunda voz. La primera voz, siempre es la voz de Dios. La segunda, siempre es la voz de la carne, del diablo y de nuestra propia conveniencia.

Las llaves del ambito de la fe, están en el oir, y el oir, por la Palabra de Dios. Es decir, aquello que oigo, determinará aquello que hable, y lo que hable, es lo que abre y cierra las puertas. Jesús dijo que si tuvieres fe como un grano de mostaza, podrías hablarle al monte, y el monte se movería. La fe inspira, pero la Palabra de fe desata lo sobrenatural que la fe inspira.

Siempre que exista una promesa, un propósito, una asignación, una palabra o una visión, habrán dos voces que se levantarán en guerra para, en el caso de la primera voz, posicionarte frente a ese propósito, y en el caso de la segunda voz, abortarlo.

Dios le había indicado claramente a Adán y Eva, que del fruto de todo árbol podrían comer, menos del árbol del conocimiento del bien y del mal. Esa fue la primera voz. Sin embargo, el diablo vino con un argumento “razonable” : ¿Con que Dios os ha dicho? La segunda voz siempre viene con argumentos para que no oigas las primera, porque en la primera voz se esconde la verdad, y en la segunda voz, se esconde la mentira.

La Voz De La Verdad

La primera voz, siempre es la voz de Dios a través del Espíritu Santo que nos guía a toda verdad. Esta es la voz de la fe, que no grita ni llama la atención, sino mas bien susurra como un silvo apacible. En cambio, la segunda voz, es la voz de la carne, o del diablo, que por medio de la razón y sus argumentos, intentan mantenernos cautivos. En la primera voz, casi siempre Dios nos dice qué hacer, y sin muchos mas detalles. En cambio, la segunda voz nos da un listado de razones de porqué no debemos hacerlo. Por ejemplo, en medio de la tormenta, Jesús le dijo a los discípulos: “Yo soy, no temáis”. Pedro, tomado de esta palabra y libre del miedo, le dijo a Jesús :

“Señor, si eres tu, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él le dijo: Ven” (Mateo 14)

La primera voz siempre es simple y nos libra del temor. Cuando las cosas se complican, no es porque Dios las complica, sino porque nosotros las complicamos. El temor siempre hará de lo simple, algo complicado, de lo fácil, algo difícil, y de lo rápido, algo lento. Dios habla mucho mas claro de lo que pensamos o creemos. Así fue que Pedro escuchó la primera voz y obedeció. Sin embargo, luego de unos instantes sucedió esto:

“Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! (Mateo 9)

Jesús ya había dado la palabra para que fueran libres del temor, pero nuevamente, Pedro fue llevado por lo que veía, y la segunda voz hizo que se hundiera. Aún así, fue el único hombre de la historia que junto con Jesús, se animó a salir de la barca y caminar sobre las aguas. Siempre que oigas la primera vez, ¡lo sobrenatural se hará natural y lo imposible se hará posible!

La Primera Voz Y El Ahora

El ahora es un irrumpir de oportunidades inesperadas que vienen del cielo y son arrebatadas por aquellos que creen y obedecen. Seguir la voz correcta con el corazón correcto, siempre te llevarán a las personas correctas y al lugar correcto.

 David y Saúl tenían sólo tenían en común una cosa: el mismo enemigo. Saúl llevaba ya cuarenta días oyendo la segunda voz y preparando una armadura que le fue útil en el pasado, pero que ya no le sería útil en el ahora. Las personas que viven en la segunda voz, llevan meses, quizá años repitiendo los mismos errores, y viviendo en los mimos temores que le impiden ver lo que Dios ve y hacer lo que Dios ha dicho que sea hecho.

A diferencia de Saúl, David comprendió dos cosas: que esa oportunidad no se repetiría para él, y que el gigante no sería derrotado sólo con armas humanas, sino también con armas espirituales.  Saúl tuvo cuarenta oportunidades, David en cambio, solo una. Entonces, David, en la primera voz, no dudó en hacerle frente. Y le habló diciendo:

“Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré y te cortaré la cabeza … y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza, porque de Jehová es la batalla y Él os entregará en nuestas manos” (1 Samuel 17:46 y 47)

Tal vez haya sido la batalla mas desigual de la historia, pero cambió la historia de las batallas para siempre. El poder de la Palabra en la boca de los hijos de Dios, es mayor que el poder de cualquier arma. Pero, ¿cómo podemos hablar la Palabra de fe, cuando vivimos atados a la segunda voz?

Los Resultados De La Primera Voz

Cuando Abraham tuvo un encuentro con Dios, la orden de Dios fue muy clara: Sal de tu tierra y de tu parentela. Abraham salió de su tierra, pero no de su parentela. Se llevó a Taré con Él, y Taré quiso quedarse en Harán. Abraham estuvo en Harán hasta que Taré murió. Siempre que oímos la primera vez, pero obedecemos parcialmente, la consecuencia es el retraso en los tiempos de Dios.

La promesa, es decir, la primera voz, era que su descendencia sería multiplicada como la arena del mar y las estrellas del cielo, y que sería incontable. Sin embargo, con el pasar de los años, los hechos decían que ya eran ancianos y no podrían tener hijos. Así que Sara le sugirió a Abrahám llegarse a Agab la sierva, y que ella engendrara un hijo para él y el resultado de oir la segunda voz, fue un Ismael. Pasaron los años, nació Isaac como resultado de la primera voz, y hay guerra hasta nuestros días entre los hijos de Isaac y los hijos de Ismael. El problema de ignorar la primera voz y sólo escuchar la segunda, es que las consecuencias de nuestro pecado y nuestra rebelión, la terminan pagando nuestros hijos y nuestras generaciones.

Dios no quiere que engendres un Ismael, y aunque Dios amó a Ismael y lo bendijo, ese no era el propósito original. Para parir un Isaac, se necesita abrir los oídos y el corzón a la primera voz. Todos los Ismael que han habido en tu vida, son por causa de haber escuchado aquella segunda voz llena de razones y argumentos.

La Voz Que Nos Lleva Al Cambio Y A La Transformación

La palabra que nos cambia y nos transforma, es siempre la palabra que nos incomoda y luego de incomodarnos, nos reacomoda al propósito de Dios. Si una Palabra no nos lleva al cambio, no viene del cielo ¿Porqué? Porque Jesús mismo dijo que su “palabra no volverá vacía”, es decir que toda Palabra del cielo en la tierra, viene con el objetivo de irrumpir en lo natural y provocar algo en lo sobrenatural.

La voz de Dios, la primera voz, siempre trae cambios. Sin embargo, por esos mismos cambios, es que muchas personas prefieren seguir viviendo en la segunda voz. Para que existan frutos, primero tienen que haber cambios. Los cambios son impresindibles para entrar a una nueva temporada de Dios.

Los peores enemigos del cambio y la transformación son : la comodidad, el conformismo, la religiosidad y la incredulidad. Casi todos lidiamos con uno o varios de estos enemigos que se levantan para que nos quedemos igual y demos pasos de fe. La primera voz siempre va a traer un caos en estas cuatro instancias, y va a generar al principio un desorden, para luego establecer su orden.

La Voz De La Fe

“Así que la fe es por el oir, y el oir, por la Palabra de Dios” Romanos 10:17

Las Escrituras son muy claras acerca del tiempo en que opera la fe. La fe “es” por el oir. Es decir, la fe no opera en el futuro ni en el pasado, sino en un eterno presente continuo. Esto es clave para entender que no podemos poner demanda en algo que no es “ahora”. Toda Palabra de Dios es soltada desde la eternidad, e irrumpe en el tiempo natural, pero con un contenido sobrenatural. La fe opera en el ahora, pero al confianza opera en el futuro. Solo las personas que entienden que la consumación de toda palabra de fe, es un paso y un acto de fe, son las que arrebatan con violencia todo lo que esa Palabra de fe esconde.

    La versión OJB dice: “Así que la fe viene del oír, y el oír viene a través de las Palabras del Mesías” (Rom. 10:17 OJB)

No es a través de las palabras de la religión, de la tradición o de la interpretación humana o de un concilio, sino a través de las palabras del Mesías, del enviado, del ungido de Dios, de Jesucristo. No todas las Palabras que nosotros le atribuímos a Dios, vienen de Dios. Cuando una Palabra viene del cielo, te desafía a creer mas allá de la razón, y más allá de la conveniencia, y con el desafío de creer, siempre viene el desafío de movernos a tomar decisiones que impliquen cambio, porque todo lo que viene del cielo ¡trae cambio!

No todas las personas que oyen, escuchan. Por eso Jesús repetía una y otra vez: “El que tiene oidos para oir, que oiga” No podemos dar, aquello que no hemos recibido. No podemos llevar a alguien, a un lugar en donde no hemos estado antes, y no podemos levantar la fe de otros, cuando no hemos tenido la capacidad de oir y permitir que otros edifiquen nuestra fe. Dios en su sabiduría, nos creó con una boca… y dos oídos por eso, desde ahora ¡Seamos oidores y hacedores de esa primera voz!