EL ADN DE LA FE, REGENERADO o DEGENERADO.

  1. Transformados por medio del uso de la fe.

Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”.

La palabra en latín para “transformaos” es “metamorphoô”, un vocablo del cual nace la palabra “metamorfosis”. Metamorfosis implica un proceso natural de cambios, mudanzas y transformaciones.

Según la Real Academia Española (1), metamorfosis es: “mudanza que hace alguien de un estado a otro, como de la avaricia a la liberalidad, o de la pobreza a la riqueza”. En zoología (2) “Cambio que experimentan muchos animales durante su desarrollo, y que se manifiesta no solo en la variación de la forma, sino también en las funciones y en el género de vida”. En griego, la palabra “Renovación” se traduce, como “Cambio de Mentalidad” y la palabra empleada es “Metanoia”,  cuyo sorprendente significado  en el campo de la psicología implica un “proceso de reforma de la psiquis (mente) y una forma de auto-sanidad”. Implica también “ser renacido a una nueva forma más adaptativa” (3)

Increíblemente, la psicología, humana y limitada, aplica principios y conceptos, divinos e ilimitados, que fueron dados por Dios hace más de dos milenios, para decir, que las personas que atraviesan procesos de “Metanoia”, están más predispuestas a sanarse y a ser renovadas mentalmente. Aún así, muchos cristianos, con la Palabra de Dios en mano, no han comprendido que la renovación de la mente es una obligación para todo hijo, y no una opción. Que el proceso de ser renovados, transformados y regenerados, ocurrió en la cruz y se hizo activo en el momento de ser salvos, pero que sigue siendo un verbo en presente continuo, por eso menciona: “a este siglo” lo cual puede amplificarse como “a este tiempo que transcurre” “a esta edad” “a esta generación” “a este año” o “a este momento”.

Cuando la fe no se alimenta de hechos alcanzados por medio de esa misma fe, la fe comienza a estancarse y a declinar. Así como la hoja de un cuchillo que no se usa, se desafila y se torna parcialmente incompetente y finalmente, impotente, muerta. Es por eso que aquello que no avanza, en el Reino de Dios, se estanca, y aquel árbol que no da fruto, es cortado. ¿Cuáles son los frutos concretos de tu fe?

“El alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso, tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” Hebreos 5:14

  1. La Genética de la fe se desarrolla a partir de los hechos sobrenaturales.

San Juan 3:3 “Os es necesario nacer de nuevo”.

La palabra griega utilizada en este versículo es “gennao”. De este término, se deriva la palabra “genes” y “género”. Lo que Jesús está diciendo aquí, es: os es necesario tener “genes nuevos”. Es decir, aquellos genes de incredulidad y razonamiento lógico, deben ser cambiados por genes guiados por la Palabra y la voz de Dios. La palabra “degenerar” significa lo siguiente (5):

– Dicho de una cosa o persona: Decaer, desdecir, declinar, no corresponder a su primera calidad o a su primitivo valor o estado.
– Dicho de una célula o de un tejido: Deteriorarse estructural o funcionalmente.
– Dicho de una figura geométrica: Tomar apariencia de otra por efecto de la perspectiva.

¿Sabías que existe un tipo de fe y de corazones degenerados? Y no en el sentido sexual, que es la connotación más popular de la palabra, sino en el sentido espiritual. Hay corazones “degenerados” a causa de la incredulidad, de la duda y del temor. Otros han sido degenerados por la religión, el legalismo, la manipulación y la falta de resultados de esa fe.

“¡Gálatas insensatos!, ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente crucificado?,  Esto sólo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la Ley o por el escuchar con fe?” Pablo a los Gálatas. (3:1 y 2)

En una forma amplificada, podríamos leerlo de esta manera: ¿Quién os fascinó (hechizó, manipuló, engañó) para no obedecer a la verdad? En otras palabras, ¿Cómo vino a ser vuestra fe “degenerada”? ¿Cómo es que tan fácilmente dejaron ustedes de creer aquello que oyeron por fe? ¿Cómo se fueron deteriorando estructural y funcionalmente?

Mateo 17:21 “Pero este género no sale sino con oración y ayuno”.

¿A qué género se refería? ¿Al demonio que poseía al muchacho lunático? ¿O a la generación incrédula y perversa, que no pudo echar fuera el demonio?

Jesús se está refiriendo solamente a un demonio; es el demonio de incredulidad. Es el demonio que degenera nuestra fe, le da crédito a la razón, y tira por tierra todas las promesas del cielo. Jesús se refiere a ese género, el cuál sale sólo con ayuno y oración y no a otro género. De lo contrario sabríamos a cuál demonio es al que se referiría, sin embargo encontramos la respuesta en el mismo capítulo, porque fue aquella misma fe degenerada, la que hizo que los discípulos no pudieran vencer al diablo. No en vano, Jesús denomina a aquella “generación” incrédula y perversa.

¿Entonces se puede ser incrédulo y bueno? De ninguna manera. La incredulidad acarrea perversidad, maldad, insensatez. Deshonra a Dios y su palabra, y por lo tanto, genera una “perversión” del conocimiento de Dios. Aquello que no honra a Dios, lo deshonra. La incredulidad es degenerativa. Nuestro viejo hombre, fue y sigue siendo perverso en su naturaleza adánica, por lo que mientras esté alimentado por la carnalidad y el pecado, necesitará seguir siendo incrédulo.

  1. Intoxicación y degeneración de la fe. El espíritu de religión mata lo sobrenatural.

Hace poco, se descubrió  que los antitranspirantes, son una de las mayores fuentes de cáncer de mamas, en especial en las mujeres, que normalmente mantienen sus axilas afeitadas. No sucede lo mismo con los hombres, pues los hombres generalmente no se afeitan las axilas y el antitranspirante no tiene un contacto directo con la piel. Como la acción del antitranspirante, es bloquear la emanación del sudor, y esa área es una de las principales salidas, aquel sudor que contiene toxinas que el cuerpo está queriendo liberar, permanece dentro del cuerpo, y esas toxinas, en lugar de ser eliminadas, son absorbidas por el sistema linfático (ganglios) junto con el aluminio que utilizan la mayoría de los antitranspirantes. Con el correr de los años, de tanto absorber toxinas y aluminio que deberían haber sido eliminadas, las células linfáticas se degeneran causando tumores y cáncer (6).

Así mismo, en el plano espiritual, cuando en lugar de limpiar nuestra mente, liberarnos del espíritu de religión, mentira, engaño y de incredulidad, nuestro corazón absorbe todos esos desechos tóxicos, en lugar de evacuarlos a través de la Palabra de Dios y de los hechos  de la fe, ésta se degenera, y potencialmente, estas toxinas destruyen todo el cuerpo.

En el mundo espiritual, existen conductas y palabras “tóxicas”, que matan la fe.

Por ejemplo, cuando se levanta un hombre o una mujer de Dios con una verdadera Palabra de Dios, con un auténtico “así dice el Señor”, la mente con la vieja genética, intoxicada de incredulidad, primero cuestionará cómo Dios habla por un hombre o una mujer. Muchos dicen en su orgullo o autosuficiencia “a mí Dios me habla directamente, no necesito de ningún intermediario”. Luego cuestionará el contenido de la palabra, cuestionará al hombre en sí, así como los tiempos y la forma. Finalmente, rechazará el “ahora de Dios” y desechará lo que Dios está hablando. Por eso la Palabra de Dios es contundente:

“No menospreciéis las profecías” 1ra. Tes. 5:20

“ No hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” Amós 3:7

“Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados” 2da. Crónicas 20:20

Hay personas a quienes Dios les quiere hablar y bendecir, pero su grado de fe está tan degenerado y están tan intoxicados de incredulidad, que simplemente Dios no puede operar en sus vidas. Hoy en día, existe una fuerte oposición a la fe, no de parte del mundo, sino de parte de los mismos que se dicen llamar “cristianos”.

¿Cómo un seguidor de Jesucristo puede afirmar que los milagros sucedieron en los Evangelios, en el libro de los Hechos y en todo el Nuevo Testamento no son para hoy? ¿Si esto fuera así, porqué Jesús fluía en milagros creativos y dijo “mayores cosas ustedes harán? ¿Cómo es posible que un seguidor de Jesucristo niegue que los dones que repartió el Espíritu Santo a su iglesia hayan muerto en cuando se cerró el canon y se terminó de escribir el Apocalipsis? Si Dios no está detrás de estas doctrinas, ¿Quién está?

“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.  Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.  Si algo pedís en mi nombre yo lo haré”. Juan 14:12 – 14

No debemos ignorar la realidad de que existen miles de personas a lo largo y ancho del mundo, que se atrincheran detrás de un nick y un password de algún sitio de internet, y desde la cuneta de su cobardía, disparan dardos, difamando, maldiciendo, descontextualizando frases con toda malicia y persiguiendo, a hombres y mujeres que le han creído a Dios, imperfectos por cierto, pero escogidos por Dios para hacer su obra.

A esas personas que, o producen, o consumen esa clase de contenidos tóxicos y virulentos que sólo degeneran la fe y refuerzan la razón, ¿No les sería más fácil creer, antes que blasfemar sin tener toda la información y sin tener temor de Dios, o al menos temor a equivocarse? ¿Acaso podemos juzgar un ministerio tan fácilmente, sin conocer sus orígenes, su historia y el precio que pagaron por esa unción? ¿Acaso Dios nos estableció como jueces de nuestros propios hermanos? Al punto que quiero llegar, es que la degeneración de la fe, no está fuera de la Iglesia, sino dentro de ella. El cáncer no ataca a los muertos, porque ya están muertos. Las células cancerígenas, que son células degeneradas, atacan al cuerpo vivo con la clara intención de matarlo. Entonces, estos individuos ¿con qué frutos juzgan? Muchos de los que disparan dardos difamatorios, son aquellos que nada tienen, que nada han hecho, y en medio de su agónica frustración, sólo les queda envidiar y blasfemar a aquellos a quienes Dios está usando.

Recordemos que a Jesús, no lo condenó el sistema político, sino el sistema religioso. Aquellos que para le época, tenían la “sana doctrina”. Aquellos que cumplían todas las reglas, y vigilaban celosamente que todos así lo hicieran. Sin embargo, al igual que hoy, olvidaron que Dios es soberano, libre, y que no reveló su Reino a los “doctores” de la ley, sino a los pescadores, ciegos, niños, borrachos, adúlteros, estafadores y mujeres de mala vida. Todos los que la religión y el sistema desecharon, fueron los que a los ojos de Jesús tuvieron alta estima.

Mateo 11:18: “… Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Demonio tiene.”  Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Éste es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores.” Pero la sabiduría es justificada por sus hijos.

Por lo tanto, puedo juzgar y fundamentar algo, sobre la base de mis frutos, y no sobre la base de mis opiniones. ¿De qué sirve juzgar a otros padres, cuando yo mismo como padre soy imperfecto? ¿Con qué derecho pueden algunos señalar a los que fluyen en milagros, cuando ellos mismos están enfermos y atados a todo tipo de drogas y píldoras? ¿Y qué de aquellas personas que juzgan a los hijos de los demás, y no ven en sus propios hijos sus grandes errores? ¿Juzgaban a Juan sobre qué fundamento? ¿Juzgaban a Jesús sobre qué fundamento? Lo que sucede con la mente “degenerada”, es que cuestiona, ataca, persigue y deshecha lo que no entiende. La mente “degenerada” es aquella piedra dura donde cayó la semilla y no dio fruto. En cambio, la mente “regenerada”, es la tierra fértil donde la semilla crece y da fruto. La mente degenerada cree en Dios, pero pone en duda sus obras. La mente regenerada, le cree a Dios, y cree en el Hoy, en la verdad presente, revelada. Cuando se suelta la Palabra, la mente regenerada “toca” el borde del manto. Jala la promesa del cielo. Se apodera de lo que Dios ha dicho para ponerlo por obra, sin importar “el cómo, cuándo y dónde será”.

“¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, lo provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad”. Hebreos 3:7 – 16

La mayoría de los cristianos, no dudan en que Dios creó los cielos y la tierra, que Noé construyó un arca durante ciento veinte años esperando que cayera agua del cielo, (algo que nunca antes había sucedido), que de un hombre y una mujer de casi cien años nació el hijo de la promesa, simiente de una nueva nación, que Dios abrió el mar para que el pueblo de Israel cruzara en seco. Nadie cuestiona que los muros de Jericó se derribaron con vueltas, alabanzas y actos proféticos, que David derribó a Goliat con una piedra y cortó su cabeza, que Jonás fue el primer hombre en realizar un viaje submarino y sobrevivió tres días en el vientre de un pez y que en el día de pentecostés, estaban todos unánimes, y de repente vino un viento recio, y se le aparecieron lenguas como de fuego. Nos gozamos con los milagros de Jesús, y nos reconforta cantar que con la sombra de Pedro… se sanaban los enfermos. Es fácil creer en lo que Dios hizo. Sin embargo, todo lo que Dios hizo, lo hizo usando la fe de aquellos hombres y mujeres que se atrevieron a creerle. Dios usa a las personas, no a los objetos. Dios siempre ungió personas, nunca ungió organizaciones ni proyectos. Es decir, creer en Dios no es el problema. Pero cuando llevamos la verdad presente a nuestra realidad actual, muchos anteponen su teología, sus razones, el “cómo” Dios debería operar, y dentro de qué límites. Es decir, “Señor, antes te pudiste mover como quisiste, pero hoy, deberías respetar nuestros límites”. Aquello que marcan nuestras tradiciones, nuestras costumbres, o nuestra forma de hacer las cosas. No importa si tiene o no fundamento bíblico. Estas mismas personas, serían las que se hubieran burlado de Noé y lo hubieran declarado mentalmente incompetente. Le hubieran confiscado el arca, y lo hubieran expulsado de su respectiva organización. Las que hubieran mandado a Abraham y a Sara al hogar de ancianos. Serían los que se hubieran sentado a criticar a Josué para decirle que derribar muros con gritos y trompetas es “antibíblico” y completamente ofensivo a la liturgia. A David, un humilde y joven pastor, jamás le hubieran permitido enfrentar a Goliat. ¡Es que David no hizo los 4 años de instituto bíblico y no tenía credenciales! Algunos, al ver a Jonás con tan mal aspecto después de aquel particular viaje, no lo hubieran dejado subir a la plataforma a predicar a los Asirios. Son los que publicarían en Youtube los videos de los “supuestos” milagros de Jesús y se burlarían diciendo que todo es un invento. Los mismos que si hubieran tenido la oportunidad, le hubieran dado clavos más gruesos a los romanos, y habrían contribuido llevándole al Señor un poco más de vinagre. ¿Se imaginan a los religiosos viendo a Elías desafiar a los profetas de Baal y a la propia Jezabel? El tiempo ha cambiado, pero los mismos demonios de religión, hechicería y anticristo que tomaron a los maestros de la ley, a la Iglesia del Siglo II y III, han tomado a la Iglesia del Siglo XXI y siguen operando a través de la incredulidad, y por consiguiente la perversión.

A lo largo de la historia, podemos ver que para toda obra y milagro sobrenatural, se han levantado personas que objetan, dudan, pervierten, difaman a las personas a quienes Dios ha escogido. Siempre han existido, y Dios los ha permitido y los permite, para glorificar su nombre y avergonzar a los sabios de este mundo.

1ra. Corintios 1:28 – 31: “Considerad, pues, hermanos, vuestra vocación y ved que no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.  Pero por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención, para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor”

Santiago 3:15 “No es ésta la sabiduría que desciende de lo alto, sino que es terrenal, animal, diabólica.”

He estado dentro de templos, donde la atmósfera demoníaca es cien veces más fuerte dentro que fuera. Los peores ataques de opresión que he tenido, me los he llevado de las propias iglesias. Los corazones están más abiertos fuera, que dentro de algunos templos religiosos llenos de reglas y doctrinas humanas.

A pesar de la opresión, la enfermedad y los espíritus, si analizamos lo que en muchos de estos lugares se enseña, es correcto. Creen en la Biblia como la Palabra de Dios revelada, infalible, creen en un solo Dios manifestado en tres personas, creen en Jesucristo como único hijo de Dios, y no vemos en sus templos imágenes ni santos; pero la atmósfera está oprimida y cargada de muerte, dolor y enfermedad. Entonces, ¿qué está fallando?

La mente puede estar en la doctrina correcta, y en la teología correcta, como lo estaban los fariseos, pero con un cero nivel de manifestaciones de poder sobrenatural. Esa es una fe “degenerada”, que ha perdido la identidad de su ADN, que ya no tiene género. La fe original es poderosa. La fe regenerada es sobrenatural. Produce frutos. En cambio, esa fe y esa mente degenerada, no se identifican con Cristo ni con su poder sobrenatural. No hay manifestaciones de milagros. No hay profecías. No hay adoración. Todo está limitado a lo que fuimos, o a lo que seremos, porque la realidad dice que allí, en verdad, no pasa nada. La Gloria de Dios, ya no está en la casa, y lo único que se percibe en la atmósfera es la palabra “icabod”, que significa “traspasada es la Gloria”. Un día Cristo pasó por aquí, pero Él ya parece no estar. La presencia de Dios no se mueve más y aún evocan la tradición para decir, “así siempre se ha hecho”. Nos limitamos a decir, que Dios lo hará, o que Dios lo hizo, pero no que Dios lo puede hacer en el ahora, porque nuestra fe no ha sido regenerada.

“Olvidó pues Israel a su hacedor, y edificó templos. Judá multiplicó sus ciudades fortificadas, mas yo mandaré a sus ciudades fuego que consumirá sus palacios”. Oseas 8:14

En los años que llevo en el ministerio, he estado en cientos de iglesias, en muchas naciones y lugares. De hecho, nací y crecí dentro de la Iglesia, y mi familia ha servido a Dios por cuatro generaciones. He conocido a miles de cristianos y a muchos pastores. Mis pies han pisado iglesias grandes, pequeñas, pobres, ricas, legalistas, otras ultra liberales, independientes, denominacionales, apostólicas, pentecostales, no pentecostales, con visión, ect. He oído en la alabanza a grandes voces y orquestas con decenas de integrantes y también he estado en sitios donde no hay siquiera luz eléctrica. Puedo dar una opinión sustentable sobre la base de lo que he caminado. Creo convincentemente que cerca de la mitad de las Iglesias evangélicas del mundo, ya han muerto en vida. Ya no existe diferencia entre un club social o un centro comunitario. Simplemente, Dios ya no está allí. Aunque cantan, oran, leen la Biblia, gritan “Aleluya” y pegan saltos, pero ¿el Señor? Al Señor lo han atado de manos y pies. Lo han secuestrado en la tradición y en el programa, y cuando no, en la doctrina de la pobreza, la miseria y el legalismo. El Nombre del Señor figura sólo en el cartel. Se habla de Dios, pero como se habla de un familiar que ha muerto, o en otros casos, se lo presenta como un medio para alcanzar un fin, pero no un fin en sí mismo. En el otro extremo, otros han limitado al Señor dentro de la palabra “bendición”, y si el mensaje no es optimista, humanista, emocional y motivador hasta las lágrimas, no es de Dios. Se asemejan al estanque de Bethesda, donde había un mover, una sola vez al año, pero siempre lleno de una multitud de ciegos, cojos y enfermos. La gente puede salir “contenta” del servicio, pero recordemos que también salimos “contentos” y emocionados de una boda o un cine.

Dios no quiere que nos limitemos en alegrar al pueblo. Dios quiere transformar la mente y el corazón de su pueblo. Es doloroso, pero es una realidad. Analicemos lo que El Señor dice a la Iglesia, a su Iglesia:

“Tú dices, soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad. Pero no sabes que eres desventurado, miserable, pobre, ciego y estás desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que compres de mi oro refinado en el fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudes. Y unge tus ojos con colirio para que veas”. Apocalipsis 3:17 y 18

Otro porcentaje menor de iglesias y ministros están en ese mismo camino de muerte, debido a que se aferran a lo que Dios ya dijo, pero no a lo que Dios dice en el ahora. Están tan seguros que Dios no cambia su forma de actuar  y que sus sistemas y organizaciones son tan infalibles, que olvidaron, que el mover de Dios sí cambia y los tiempos también cambian. La mayoría empezaron con avivamiento, pero en el camino se estancaron y se convirtieron en odres viejos. Hicieron de sus andamios su “dios”. Hablan de cambio, pero solo quedan en la idea del cambio. No deja de ser solo una intención. No podemos seguir predicando como hace treinta años, porque la verdad presente para esta generación, se revela de otra forma. Dios se mueve tan rápido, que mientras ellos debaten si tal o cuál mover es o no de Dios, pasan los años, las reuniones, los simposios. No nos confundamos, las estructuras son necesarias, pero no están por encima de Dios. Cuando lo están, se transforman en ídolos. Es necesario un orden, pero cuando ese orden se convierte en ley absoluta, en tradición y en dogma, se apaga el fuego espontáneo de la presencia de Dios.

En otros casos, es más fácil creerle a la psicología y al humanismo, y llenarse de títulos, que pagar el precio por tener la Presencia de Dios en la Iglesia. Cuando cayeron en la cuenta de que Dios tenía algo que ver en el asunto, Dios ya se está moviendo de otra manera, y todo vuelve a comenzar.

Un día alguien comentaba sobre el mover de Dios en Nigeria, y la otra persona, le respondió que aquello tenía cosas “teológicamente” incorrectas. Sin embargo, este hombre sabio le contestó “Yo le cambiaría toda mi teología, por lo que ellos tienen”. Muchos han dejado a Dios tan limitado a comités, comisiones y asambleas, que ya van camino a su ocaso, y sus propiedades van camino a pertenecer a los bancos. No podemos ignorar que solo en los Estados Unidos, cierran sus puertas por día, cientos de iglesias. ¿Y pensamos que en Latinoamérica eso no va a suceder? Pues es cuestión de tiempo.

“Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?”. 1ra. Pedro 4:17.

Recuerdo el caso de una gran denominación de mi país, que cuando su fundador, apóstol y mentor se retiró, se encontraron en la disyuntiva de tomar una decisión, acerca de encarar reformas, apertura y cambios, o permanecer en el legalismo, la tradición y el encierro. Eran los años noventa, cuando Dios envió reforma a muchas iglesias y denominaciones en muchas aéreas. Tristemente, aquellos hermanos, optaron por lo segundo. Prefirieron quedarse como estaban, y radicalizar aún más su postura y pararse en la tradición, antes que en la transformación. Finalmente, pasado el tiempo, cuando aquellos pastores ya no estuvieron más, y mientras muchos ministros e iglesias de otras líneas crecieron por todo el país, toda esta organización sufrió desmembramientos, atraso, divisiones, y su membresía quedó diezmada a causa de preferir el viejo odre y las viejas costumbres.

4. Cómo podemos regenerar nuestra fe.

Juan 3:8 “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene, ni a dónde va. Así es todo aquel que nace del Espíritu”.

Todo aquel que tiene nuevos “genes”, que ha cambiado su genética pecaminosa, por una genética celestial e incorruptible, no sabe de dónde viene, ni sabe a dónde va. Cuando el proceso de la “nueva genética” se ha completado, ya mi vida literalmente, no me pertenece. Ni mis bienes, ni mi familia, ni mi tiempo. Es decir, no sé como llegué a donde llegué, ni cómo llegaré a donde debo llegar, pero llegué hasta aquí, y llegaré hasta donde sea, porque ya no estoy viviendo la fe degenerada, sino en la fe regenerada.

Dios no quiere que nos conformemos con la forma en la que estamos. En la carrera de la fe, el estancamiento y el conformismo son decisiones que se pagan muy caras con el correr de los años.              Hoy, existen líderes que aún no han entendido que nuestro cuerpo tiene fecha de vencimiento, que somos mortales, y que pertenecemos a generaciones. En esa omisión, ignoran a sus jóvenes, desechan a sus hombres, y se olvidan, que el manto que Dios nos ha dado, es temporal y debemos pasárselo a los que vienen, no solo limitándonos a aconsejar, abrazar y ser amados. Eso es bueno y positivo, pero también el pueblo necesita impartición, entrenamiento, dirección y enseñanza acerca del “know how”, es decir, cómo hacerlo. Si soy profeta, debo enseñar a profetizar. Si fluyo en milagros, debo enseñar a fluir en milagros. Muchos buscan la fe fácil, cómoda y a medida. Esa será la demanda que Dios pondrá el día de mañana, sobre la multiplicación de los dones y aquello que Dios un día me prestó.

Si tu fe, está atada al tiempo pasado, o futuro y tienes un vacío en el “ahora” de Dios, en esa “verdad presente”, si tu oración es “Señor, llévame al centro de tu voluntad”, yo quiero decirte, que por esa decisión, debes pagar el precio de tu propia vida. Sin embargo, la recompensa es infinitamente mayor. Mientras lees estas palabras, puedes decidir entre permanecer en la platea, en medio del público y los espectadores, o pasarte del lado de la acción, donde tu nombre se inscribe en el cielo, y tu fe será honrada no sólo en este tiempo, sino en tus generaciones y en la eternidad.

“… por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos.”

Hebreos 11:38

“Estos hombres, de los cuales el mundo no era digno, anduvieron errantes por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra” Hebreos 11:6

Yo he ofrendado lo que para mí era infinitamente valioso. Aunque no con tristeza, sí con dolor. Pero ese dolor, es necesario. Ese sufrimiento de hacer morir mi hombre exterior, para que la vida de Jesús se manifieste en mi vida, bien vale la pena. Cuando regresé al ministerio a tiempo completo, luego de pasar por la peor tormenta de mi vida, y mi pequeño y único hijo me abrazaba llorando en el embarque del aeropuerto, rogándome por favor que no me fuera, sabiendo yo que algunas veces sólo tenía un pasaje de ida y que no regresaba al otro día, pensé en muchos momentos que no lo podría tolerar. En una oportunidad, me abrazó ocho veces, y me pedía que no me fuera. Yo sé que muchos no lo entenderán, y otros me comprenderán perfectamente. En la mayoría de los casos, nuestras familias van primero, pero hay veces, que como a Abraham, Dios nos pide sacrificios, esfuerzos o que caminemos la milla extra. Ese ha sido mi caso.

Fueron muchas las veces que llegué a las naciones con dolor y lágrimas. Sin embargo, en medio de aquel sufrimiento, me paraba a ministrar y veía la Gloria de Dios moverse por doquier, milagros creativos, consuelo y transformación de vidas por todos lados. Dentro de mi corazón meditaba acerca de esa ofrenda. ¿Dolorosa? Sí. ¿Pero ha Dios recibido lo que le he dado? Sí, y no sólo eso, sé que mis generaciones son benditas. En medio de mi mayor dolor, he visto al Señor secar mi llanto, sanar mis heridas y consolar mi corazón. Pero aun más, en medio de ese incomprensible proceso, he podido ver las mayores manifestaciones sobrenaturales de su poder, y de su gracia.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” Gálatas 2:20.

Cuando somos crucificados con Cristo, nuestra fe pasa a ser regenerada. Por eso el Apóstol Pablo dice “lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios”. Todo aquello para lo cual he muerto, se convierte en el vehículo que Dios utiliza para que Él viva. Se los describo de la siguiente manera, es como recibir una descarga eléctrica, pero tocando tierra. Dios nos transforma en canales, simples canales. Como aquel caballo, indomable, problemático, caprichoso, que necesita ser templado, golpeado, recibir tratos duros, para ser útil, ágil, apacible y obediente. ¿Seguiré viviendo en la carne? Sí, inevitablemente mientras vivamos, seremos seres de carne y hueso. ¿Seguiré viviendo por la carne y de la carne? No, ya no viviré en mis propios deseos, pecados, ni en mi propia agenda, sino que viviré en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó.

¿Cómo puedo yo desconocer de donde me sacó el Señor? ¿Cómo puedo olvidarme tan fácilmente lo destruido, arruinado, olvidado, y roto que me encontraba lejos de su gracia? ¿Acaso yo he sido tan talentoso para merecer su favor y su poder? De ninguna manera, es su gracia, su pura gracia. Pero muchos se olvidan muy rápido, de qué seríamos si no fuera por su mirada de amor. En la carrera de la vida, muchos no buscan ser como Jesús. Todos quieren su poder, su autoridad, pero pocos quieren su padecimiento, su sufrimiento y la entrega total de la voluntad humana rendida a los pies de Jesucristo.

Hay muchos libros, de cientos de autores y editoriales. Pero yo amo leer, las palabras de aquellos hombres o mujeres de Dios que han dado su vida, su tiempo y han ofrendado aquello que más amaban para ir detrás de algo mayor y supremo. Creo que los libros de aquellos que predicaron o predican con sus hechos, más que con sus palabras, tienen un peso de gloria excepcional y traspasan las fronteras de lo natural fácilmente, en especial, aquellos “mártires” que murieron o fueron torturados por la causa de Cristo.

Me conmueven las palabras de una ungida Katrhryn Kuhlman, imperfecta, criticada, pero entregada a Jesús en un ciento por ciento, que dejando todo por amor al maestro, decía: “Si fuera fácil, todos lo harían”. Me inspira oír el mensaje del perdón, contado en las palabras de una mujer como Corrie Ten Bom, que perdonó al oficial nazi que tatuó su brazo en un campo de concentración alemán y mató a su familia. Me transforma leer a Watchman Nee hablando sobre el quebrantamiento del espíritu y la liberación del hombre interior, siendo que él murió mártir en las cárceles de la China comunista de Mao. Me impacta el testimonio de Richard Wurmbrand, autor del libro “Torturado por Cristo”, quien sufrió los peores tormentos por mano de los comunistas en las cárceles rumanas. Siendo liberado en 1957 (4) regresó a predicarle a la iglesia subterránea y perseguida, hasta que lo volvieron a encarcelar por ocho años más, para volver a torturarlo y tratar de doblegar su fe. Me encantaría leer lo que el día de mañana escriban las generaciones del Pastor Youcef Nadarkhani, para muchos desconocido, quien actualmente está preso en Irán, a diario es torturado y pesa sobre él una condena a muerte por predicar a Cristo. Deja una esposa e hijos, pero sus sacrificios, serán infinitamente recompensados. Todos estos gigantes de la fe, que si hoy se reescribiera Hebreos 11, sin duda allí estarían, y otros tantos anónimos a los ojos de los hombres, pero héroes a los ojos de Dios, han demostrado con su vida, lo que escribieron y dijeron con palabras.

Es que hoy en día existen tantos opinólogos, que es fácil encontrar un “manual” de milagros, escrito por gente que en su vida entera, ha sanado un dolor de cabeza. Otros escriben sobre pasos, y principios de liberación, cuando ellos mismos aun no han sido liberados, y tantos otros que han hecho de la predicación del evangelio, un buen y redituable negocio.

La autoridad se gana por fe regenerada y con hechos. En el Reino, menos la salvación, todo se conquista. Así lo defendía Pablo en su apostolado. En lo que a mí respecta, como hombre de Dios, he caminado lo suficiente para decir que puedo escribir de fe, porque lo entregado todo y mi salario proviene directamente de lo que Él me da de su mano. Puedo escribir sobre Dios, porque conozco a Dios en la intimidad y lo he visto obrar cientos de veces. Puedo escribir sobre milagros, porque frente a mis ojos, he visto cientos de sanidades, muchas de las cuales eran para la ciencia, casos perdidos. Puedo hablar sobre provisión, porque he visto su mano proveerme en medio de la dificultad, dentro y fuera de mi país. Porque en más de una ocasión llegué a una nación con cinco dólares. Porque cuando me llamó el Señor al ministerio a tiempo completo, llegué a los Estados Unidos con la ropa puesta y diez dólares. Puedo hablar de protección, porque estando en una nación gobernada por una temible dictadura, en el otro extremo del mundo, pasé por cinco controles militares, sin pasaporte, y nada sucedió, cuando eso se considera un delito, y es motivo de prisión.

En una ocasión, mientras preparaba una gira a un país de África, me informaron que el gobierno de aquella nación había cancelado nuestras reuniones en el estadio que habíamos rentado para la cruzada, y que quedaba prohibida terminantemente toda manifestación y reunión al aire libre. Decidimos hacerlo en un templo, pero se había juntado tanta gente, para ver los milagros y las maravillas y buscar la presencia de Dios, que no había en toda la ciudad ni un solo templo que nos pudiera albergar. La amenaza era real. Si hacíamos la cruzada al aire libre, podíamos tener una intervención de los militares, y quedar detenidos. Pero a pesar de eso, la gente tenía hambre y sed. No podíamos quedar dentro de un templo, porque Dios nos estaba enviando esa multitud a quien debíamos darle de comer. Lo que sucedió en aquellas tres noches, fue indescriptible. Personas sanadas de todo tipo de enfermedades, decenas de brujos y chamanes siendo liberados, y la Nube de Gloria fue fotografiada literalmente durante la impartición. No solo no tuvimos ningún tipo de intervención por realizar la cruzada al aire libre, sino que cientos de personas fueron transformadas por el amor y el poder de Dios.

La fe regenerada, siempre se traduce en hechos. La fe degenerada, se limita a los métodos, pero no tiene la capacidad de multiplicarse en milagros, y en sucesos sobrenaturales.

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