PRIMER PRINCIPIO DE LIBERACIÓN, puertas cerradas. Asegurarse de no tener ninguna de las cuatro puertas que mencionaremos a continuación abiertas. No se puede ministrar en completa autoridad si hay puertas y brechas abiertas, pero además de eso, es peligroso para aquella persona que ministra.
¿Cuáles son las cuatro puertas espirituales?
Primera puerta, el ocultismo. El hábito de practicar rituales, ceremonias, conjuros, palabras o artes ocultas, es una puerta por donde entran todo tipo de espíritus. Muchas veces por ingenuidad, otras por venganza, es importante preguntarle a la persona si en algún momento incurrió o participó de este tipo de prácticas. Literalmente, ante la menor práctica oculta, se abre una puerta que da lugar a toda clase de demonios. Las peores posesiones son aquellas que fueron producto de prácticas ocultas y abuso. Recordemos que durante ciertos ritos ocultistas, se cometen actos sexuales horrendos. En algunos casos la víctima lo recuerda, y en otros casos no. La primera vez que viajé a Guinea, África, me llamó mucho la atención que la gran mayoría de las personas tenían cicatrices en el rostro, o en las extremidades, o en alguna parte del cuerpo. Niñas preciosas pero con la cara toda llena de cicatrices. Entonces pregunté por qué tanta gente tenía estas marcas, y me explicaron que existe una costumbre en todo el continente, que cuando el recién nacido llega a la primera semana de vida, lo llevan al brujo, o al chamán, y cuando este entra en trance, sea con cuchillos, hierros calientes, o cualquier tipo de objeto punzante, los lastiman y hacen derramamiento de sangre para “protegerlos” de los malos espíritus. Imagínense que cuando supe este dato, cambió completamente mi enfoque de liberación, pues ahora sí sabía a qué apuntaba. Las siguientes noches pude ver las liberaciones mas extraordinarias que jamás había visto antes.
“Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos”. Deuteronomio 18:9-13
Segunda puerta, la herencia. Es importante hacer un análisis de casos de suicidio en la familia de la persona. Muchas maldiciones son transmitidas de generación en generación, y el suicidio es una de ellas, también la enfermedad, la pobreza, la infelicidad, el divorcio, las tragedias familiares, entre otras. En muchos casos, la persona desconoce o no relaciona, que puede estar siendo víctima de una maldición. Si ese es el caso, Jesucristo tiene el poder para deshacer toda maldición y nosotros tenemos su Palabra para ejecutar juicio y castigo contra esos demonios. Haga que la persona renuncie en forma verbal a toda maldición ancestral, y luego de eso ministrar liberación. Ejemplo de esto es, padre o madre que cometieron suicidio. Tíos, abuelos, primos, hermanos, etc.
“Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” 1 Juan 3:8
Tercera puerta, el pecado. El pecado es una puerta que se abre sin conciencia espiritual. Un solo pecado, no es lo mismo que una vida de pecado. Cuando la persona se habitúa a una vida de pecado, una vida de pecado acarrea la muerte como consecuencia. La culpa, el remordimiento, la condenación que puede traer sobre una persona haber actuado mal en su pasado, son puertas abiertas de pecado. Ejemplos: un padre que abandonó a sus hijos cuando eran pequeños, y hoy se siente abandonado. Una joven que abortó y no puede sobrellevar la culpa. Un hombre que perdió a su familia mientras conducía ebrio.
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Romanos 6:23
Cuarta puerta, las heridas. La falta de perdón, el resentimiento, el odio, el deseo de vengarse, la amargura que provocan las heridas, las injusticias y todo el sufrimiento que trae el pecado sobre la humanidad, son una importante puerta por donde se puede infiltrar el espíritu de muerte. A raíz de un abuso, de un homicidio, de una injusticia, así como sucede en una herida física, si no se desinfecta, no se cura, y no se cierra, esa pequeña herida puede acarrear problemas mayores y fatales.
“Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.
Hebreos 12:12 – 15
SEGUNDO PRINCIPIO DE LIBERACIÓN, autoridad. Asegurarse de estar bajo la autoridad espiritual de un padre o madre espiritual, pertenecer a una iglesia, y no tener ningún tipo de raíces de sedición o rebelión. En el orden de poderes, los demonios respetan el poder que tenemos como cuerpo de Cristo, es decir, el poder corporativo, antes que el poder individual. Sea consciente que el espíritu de muerte es un demonio de alto rango enviado para destruir y llevar a condenación completamente una vida. Si usted no está bajo autoridad, no pretenda ejercer autoridad espiritual. Es un principio bíblico apostólico fundamental. Personas que han incursionado en el mundo espiritual, sin estar bajo una autoridad real (no una autoridad meramente nominal), han sufrido serios ataques y severas consecuencias.
“Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace”. Mateo 8:9
Tercero, busque un ayudante. Nunca es recomendable ministrar liberación estando solo, sola. Si una persona entendida del mundo espiritual puede estar presente, es mucho mejor. Recomiendo que siempre se trate de personas del mismo género en lo posible, o de matrimonios. Esto responde al principio del acuerdo y de la unanimidad de Mateo 18:17. No permita que la persona que ayuda, grite más fuerte o que haga oraciones por su cuenta. La persona que ayuda tiene que seguir la liberación de la persona que preside. Si ambos oran al mismo tiempo, diferentes cosas, entonces no hay acuerdo, y si no hay acuerdo, hay desacuerdo. Hago énfasis en la madurez de la persona ayudante para que no sea justamente eso una brecha donde el demonio pretenda meterse, o permanecer en la persona.
“De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Mateo 18:17-19
Cuarto, invoque el poder de la sangre de Cristo. Al rodearse con su sangre, y al hacer que la persona que está siendo liberada se cubra también, usted está estableciendo la legalidad de Cristo en la vida de esa persona. La sangre de Cristo es la llave de nuestra victoria. La sangre habla por nosotros, y es ante esa sangre inocente que el infierno se estremece.
“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero” Apocalipsis 12:11
Quinto. Cancele todo espíritu de venganza, antes y después de la liberación. No permita amenazas del infierno. Genere una atmosfera antes de la liberación, con alabanza y adoración. No nos llama Dios a tener miedo, pero si a ser sabios. Algunas liberaciones verdaderamente irritan al infierno, y el enemigo querrá levantar venganza. Sin embargo la Palabra es clara en esto en Isaías 59:19
“ … Porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él”
Sexto. Tenga a mano objetos que le serán de mucha ayuda. Bolsas de plástico, pañuelos desechables y apague sus celulares. Nunca cierre sus ojos mientras libera, y no use corbatas o cualquier tipo de ropa que pueda poner en riesgo su vida. Nunca le de a una persona que está siendo liberada agua en un vaso de vidrio. Aleje todo objeto contundente y separe a la persona de todo mueble de vidrio, o de todo mobiliario que le pueda causar un daño eventual. Existen espíritus inmundos que ante la inminencia de tener que irse, pueden intentar dañar físicamente a la persona durante la liberación. En ese caso se toma autoridad, y con la Palabra de Dios en la boca, se los ata primero, y se los expulsa inmediatamente.
Séptimo. La oración de arrepentimiento. Comience la liberación, haciendo que la persona invoque el nombre de Jesucristo, y que acepte con su boca, que Él es su único Señor y su único salvador. Que no hay otro camino, no hay otra verdad y que solo en Él está la vida. Enfatice permanentemente en todo momento la vida de Jesús, y utilice frases como esta. “Te imparto la vida de Cristo”. “Te lleno de la vida de Cristo”. “Toda tiniebla es removida por el poder de Jesús de Nazaret, y en su lugar esos vacíos se llenan de vida”. “Te imparto el gozo, la felicidad, la alegría y la vida de Cristo, todo lo que el diablo te robó, hoy Jesucristo te lo restituye”.
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” Juan 14:6
Octavo. Comprenda el poder de la confesión con la boca. No espere que la persona entienda todo lo que dice. La repetición, genera activación. No es por entendimiento, sino por fe. “Con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” Romanos 10:10.
Usted está siendo usado como un soporte para salvar una vida que está a punto de caerse. Usted le está prestando su depósito de fe a esa persona para que sea libre. Tenga muy presente la necesidad de renunciar por medio de la declaración, durante el tiempo de liberación.
Noveno. Evite hablar e interactuar con los demonios. A menudo, los demonios intentan distraer para retrasar el proceso de liberación, y el liberador inmaduro no entiende eso. Es mas, conozco gente que si pudiera, hasta tomaría el té de las 5 con los demonios. Comience atando las manos, los pies y silenciando la boca del demonio para que salga huyendo. No genere dialogo con el espíritu inmundo. No tiene derecho a hablar y no tiene nada bueno que decir. A muchos cristianos pentecostales les gusta hablar con los demonios como en una señal de mucha autoridad, o de mucha unción, pero en realidad es su carne la que está siendo inflamada y no es por el espíritu de Dios.
“Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él”. Marcos 1:23 – 26
Décimo. Discernimiento de espíritus y palabra de conocimiento. Durante la liberación, usted se verá frente a cientos de géneros distintos de demonios. La ubicación en el cuerpo puede variar, y solamente podrá ser efectivo en la liberación, si el discernimiento que el Espíritu Santo nos da, va indicando qué atar, qué reprender, y dónde está alojado. Para eso se necesita estar en sintonía con la presencia de Dios. Muchas personas intentan hacer liberación con pura teología o con pura doctrina, pero fracasan. Es en la liberación donde realmente se toma el pulso y el termómetro espiritual de una persona. Eventualmente podemos enfrentarnos algo desconocido, pero recuerde este principio espiritual: No hay demonio que pueda resistirse a la Presencia de Dios.
Luego de una liberación, es recomendable orar para descontaminarse, poner todas las ropas a lavar, ducharse y generar una atmósfera a través de la alabanza y la adoración.

Gonzalo Dominguez Pacaluk, es evangelista y profeta. Pertenece a la Red Apostólica Vino Nuevo. Es hijo espiritual del Apostol Guillermo Maldonado, y ha ministrado e impartido en 15 naciones del mundo. Actualmente lleva adelante el ministerio Guinea Sobrenatural, en Africa, en donde ministra anualmente a muchos pastores y líderes de Africa Central y toda América Latina. Es Doctor en Psicología Familiar y presidente de la Asociación Evengelístia Global Gonzalo Dominguez Ministries, con oficinas en la ciudad de Miami, Florida.
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